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Cataratas, un juego de chicos

Si va a viajar con niños recuerde que el camino por recorrer en las cataratas es largo y podrían cansarse rápidamente / Foto Pixabay

Si va a viajar con niños recuerde que el camino por recorrer en las cataratas es largo y podrían cansarse rápidamente / Foto Pixabay

Siete recomendaciones y programas para visitar con niños el Parque Nacional Iguazú y empaparse

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A primera vista, el coatí o cusumbo vende una imagen de ternura, de peluche simpaticón y actor de reparto en cualquier animación de Disney. Lo que no todos saben es que se trata de un mentiroso consumado, dispuesto a lo birlarle la bolsa de chucherías al turista (también se lleva pasaportes y llaves de auto). Tan avispado es este animal para robar comida que en el Parque Nacional Iguazú tuvieron que cambiar cuatro veces el sistema de recipientes de basura para que no pudiera abrirlas ni romperlas, contó Ezequiel Bermejo, gerente comercial de Iguazú Argentina (concesionaria del área Cataratas del Parque).

Por eso, si uno está con sus hijos esperando el trencito que lleva a la Garganta del Diablo, lo primero que hay que decirles es que no les tiren nada a los coatíes: no solo les hace mal lo que comemos nosotros, sino que además pueden pegar un zarpazo –tienen uñas larguísimas– y lastimar. Esta es apenas una recomendación para quienes visitan las Cataratas del Iguazú en familia. Los que siguen son otros siete consejos, programas y tips para que el recorrido con chicos sea más ameno y divertido.

Los horarios de visita. Los tiempos de espera suelen alargarse cuando hay niños de por medio. Siempre es preferible saber cuáles son los mejores horarios de visita a los saltos, para evitar colas en las pasarelas. Si el plan es conocer la Garganta del Diablo, lo ideal es ir después del mediodía para esquivar los contingentes que salen temprano desde la Estación Central del trencito que lleva a ese lugar. No solo circula menos gente por la pasarela que se asoma a este fenomenal agujero negro de agua, sino que además, desde las 2:00 pm, el sol queda de espaldas y las fotos salen mejor y no hace tanto calor. Adonde sí conviene ir en la mañana es a los circuitos Inferior y Superior, para pasear tranquilo mientras el resto de los turistas se disparan ráfagas de selfies en la Garganta del Diablo.

Sobre escaleras y carritos. Las autoridades del Parque recomiendan las Cataratas como un programa que se disfruta más con chicos que ya están en la primaria (para no tener que andar cargándolos). Si aun así se va con coche de bebé, es bueno tener en cuenta que el Circuito Inferior, que contempla los saltos desde abajo –donde hay menos sol y se ven más animales, como coatíes y monos–, tiene un tramo de 300 metros con escaleras, desde el cañón del río Iguazú, pasando por el salto Lanusse y hasta la Plaza Dos Hermanas.

En cambio, el Superior es más ameno para chicos -a metros de la estación Cataratas del trencito ecológico- y ahora también mucho más largo: pasó de 650 metros a casi el triple. La prolongación arranca en la plazoleta del salto Mbiguá hasta un balcón sobre el salto San Martín, para volver avistando los islotes costeros del delta del Iguazú Superior, con pasarelas a la altura de la copa de los árboles.

Si va a viajar con niños recuerde que el camino por recorrer en las cataratas es largo y podrían cansarse rápidamente.

Los safaris. Existen tres safaris en 4x4 muy interesantes para hacer en el área Cataratas, pero solo uno es bien familiar. El primero se llama Pioneros, dura dos horas y utiliza el camino de tierra que, trazado a machetazo limpio, unía el pueblo de Puerto Iguazú con los saltos. El segundo, de igual duración, es Selva, que desanda el agreste sendero Yacaratiá Sur. El tercer safari, A la Cascada, es el más kids friendly: hora y media en un vehículo descubierto hasta el Salto Arrechea, que cae en un piletón natural de piedra, único espejo de agua en la zona donde está permitido zambullirse.

Los paseos náuticos. Solo hay un paseo de contacto con el río apto para todas las edades: el Paseo Ecológico o floating, que parte de la estación Garganta del Diablo. Es un deslizar muy suave y silencioso de 2,5 kilómetros, en botes de remo, a través de las islas del Iguazú Superior, hasta el Puerto Tres Marías. Desde allí se regresa caminando hasta la Estación Cataratas del tren.

Las otras dos excursiones náuticas, que ofrece la empresa Iguazú Jungle, solo admiten a mayores de 12 años dispuestos a mojarse de pies a cabeza. Estas son: Gran Aventura, que acerca a los visitantes en lancha hasta la base del Salto Tres Mosqueteros, con la Garganta del Diablo coronando la vista del cañón, para luego enfrentar el salto San Martín, segundo en dimensión y el mayor al que una lancha puede aproximarse. Y el Paseo Gran Aventura, que irrumpe en el cañón del Río Iguazú Inferior, bordeando la isla San Martín para acceder también al salto Tres Mosqueteros, desde donde se divisan los saltos brasileños, argentinos y la Garganta del Diablo.

Museo de Cera y el Parque de las Aves. Estas dos recomendaciones son del lado brasileño, más precisamente en Foz de Iguazú. La primera es el Museo de Cera Dreamland, que jamás defrauda a los más bajitos. Ubicado sobre la Ruta de las Cataratas, que une Foz con el aeropuerto, este complejo tiene 16 escenarios con reproducciones de figuras que van desde Bob Esponja, Beyoncé, el capitán Jack Sparrow, hasta el papa Francisco, Neymar y la presidenta Dilma Rousseff.

Finalmente, el Parque das Aves (en el kilómetro 17 de la Ruta de las Cataratas) es un secreto muy bien guardado. Es ni más ni menos que el mayor parque de aves de América Latina, con 1.020 plumíferos de 150 especies distintas. Este lugar no solo es muy bonito, sino que además resulta muy didáctico para que los niños entren en contacto con la fauna local sin aburrirse ni pucherear en el intento.

La luna llena. Una de las mejores excursiones para la familia: caminar con luna llena hasta la Garganta del Diablo, tomando el tren y disfrutando los sonidos y texturas de la selva cuando cae el sol. El premio es ver las Cataratas estrelladas, bañadas en una luz blanquecina que parece transformar las rompientes en nubes. El valor del paseo es 53 dólares por adulto, pero los menores de seis años no pagan (entre 6 y 12 años, 26 dólares). Las próxima luna llena es entre el 24 y el 28 de octubre.

Güira Oga y Biocentro. No todo es Cataratas en Iguazú. Los chicos se cansan rápido de casi todo y siempre es bueno tener una excursión para sacar de la galera. Acá entra en escena el refugio Güira Oga (‘casa de los pájaros’, en guaraní), ubicado sobre la Ruta 12, a pocos kilómetros de la entrada a Puerto Iguazú. Este sitio se dedica a la rehabilitación de aves de la selva, en especial las que aparecen accidentadas o con algún grado de amenaza. El Güira Oga no es un zoológico sino un centro que rescata especies para sanarlas, estudiarlas y, si pueden sobrevivir en la naturaleza, dejarlas ir. Más allá de que los chicos se aburran o no, sigue siendo un buen mensaje para ellos (aquí no se encierran animales, se les cura).

Otro programa, también sobre la Ruta 12, es descubrir el Biocentro Iguazú, que cuenta con un increíble mariposario y orquideario, sumados a una colección espectacular de serpientes de la región (impresionan las gigantescas boas) y de todo el mundo. La estrella indiscutida del lugar es Coco, un cocodrilo de 65 años, egresado del Nilo, con dos metros de largo y cara de pocos amigos.

Para tomar en cuenta.

Para disfrutar y conocer mejor este lugar es recomendable que disponga al menos de tres días.

Ingreso al Parque Nacional: La entrada general cuesta 27,5 dólares. Niños de 6 a 12 años: 7 dólares.