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Casanare es un destino para aventureros del llano

En Casanare, en el oriente colombiano, se vive una verdadera experiencia llanera / Foto JOSÉ DARÍO PUENTE

En Casanare, en el oriente colombiano, se vive una verdadera experiencia llanera / Foto JOSÉ DARÍO PUENTE

Este departamento de Colombia ofrece tesoros naturales, amaneceres de ensueño y mucha aventura

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Las garzas, blancas y rojas, vuelan en un cielo azul y despejado. Algunas bajan al primer jagüey o estero que encuentran disponible para beber agua, alimentarse o bañarse al lado de chigüiros y babillas. No importa en cuál zona de Casanare se encuentre: usted estará rodeado de maravillas naturales.

Casanare, en el oriente colombiano, es un departamento eminentemente petrolero que le está sacando provecho al turismo de naturaleza y de aventura a partir de las riquezas ambientales y culturales que albergan sus 19 municipios. Viajeros nacionales y extranjeros pueden vivir allí una auténtica aventura llanera en medio de paisajes de naturaleza salvaje que cobran vida entre caballos, vacas, chigüires, serpientes y una infinita biodiversidad.

El hato Banco Largo es uno de esos tesoros. Queda en el municipio de Hato Corozal, a 70 kilómetros de Yopal, la capital, y tiene una extensión de 4.000 hectáreas. Lo recomendable es visitarlo desde la mañana para conocer cómo es el trabajo de los llaneros.

Al entrar, un hombre moreno se acerca a los visitantes. Va descalzo, con un cuchillo al cinto y un sombrero de fieltro que lo protege del sol. Su nombre es Marcolino Rincón y es el encargado del hato. Tiene 50 años y cuenta que desde joven maneja ganado y caballos.

Tras el saludo, lleva a los turistas a la corraleja de trabajo. Mientras desparasita a un becerro café con manchas blancas, Marcolino va explicando cada una de sus herramientas de trabajo, desde el lazo –hecho en cuero de vaca–, pasando por el fierro para marcar el ganado.

Llega el turno para la cabalgata. Los turistas recorren la sabana por donde 1.200 cabezas de ganado brahman rojo y cebú pastan a diario. La vegetación está compuesta por hierbas como el carrizal y el rabo de vaca, y algunos árboles de aceite, flor amarilla y carocaro, típicos de los llanos.

Más adelante se ve el garcero, un bosque inundable que sirve de hogar para una gran variedad de aves acuáticas y para los tres tipos de garzas que se pueden encontrar en el hato: la corocora, la real y la paleta. Es permitido pasar hasta cierto punto y se debe permanecer en silencio; de lo contrario, la fauna podría espantarse.

La corocora es la más llamativa de todas las especies de garza, pues su vistoso plumaje rojo la hace inconfundible. Es un espectáculo verla volar, en especial cuando va en grupo. Sin embargo, la población a nivel mundial ha disminuido por la tala de árboles y la construcción en terrenos donde se reproduce.

En Banco Largo habitan entre 1.000 y 1.500 corocoras, el 1% de la población mundial. En los árboles del garcero arman sus nidos y tienen a sus crías. Por esa razón, el hato se ha convertido en un lugar de conservación animal reconocido en el mundo por ornitólogos y amantes de las aves.

El safari colombiano. A orillas del río Ariporo, que recorre el norte del Casanare, se encuentra un santuario de fauna y flora de la Orinoquía conocido como La Aurora. Es un hato de 17.000 hectáreas que se distribuye entre los municipios de Hato Corozal y Paz de Ariporo.

Allí habitan 350 especies de aves, reptiles como la babilla y el güío –una subespecie de la anaconda–, chigüires y venados. El plan en este paraíso es contemplar la naturaleza y aventurarse a conocer el lado salvaje del llano colombiano.

Llegar al hato toma cuatro horas en carretera desde Yopal. El último tramo está sin pavimentar y la señal telefónica se pierde. La mano del hombre solo ha intervenido para coexistir. Prueba de esto es Juan Solito, un ecolodge (alojamiento ecológico) donde los visitantes pueden pasar la noche en hamacas o habitaciones amigables con el medio ambiente.

La verdadera aventura para los turistas en La Aurora comienza temprano, cuando todavía el cielo está oscuro. A las 5:00 am comienza el ‘safari’ colombiano, que es como denominan al recorrido por el hato. El primer desafío es cruzar el río Ariporo en curiara, embarcación similar a una canoa, tan solo con la guía de una linterna. Al pisar tierra firme hay que subirse a una camioneta con estacas. Ya acomodados, comienza la travesía.

Son las 5:20 de la mañana. Algunos chigüires y venados aparecen en el horizonte. Interrumpen su paso por la sabana y nos ven pasar. Para que no se perturben y emprendan la huida, es importante no hacer mucho ruido. Si lleva cámara fotográfica o de video, es el mejor momento para retratar a estos animales.

Al frente del recorrido está Nelson Barragán, de 51 años, quien es el dueño y encargado del hato. Mientras guía a los visitantes, un sol anaranjado alumbra toda la sabana. En cuestión de 15 minutos el cielo pasa de azul oscuro a varias tonalidades de rojo, para luego quedar en un azul claro.

Los amaneceres –y atardeceres– llaneros, que parecen postales, son una de las recompensas que más atesoran los viajeros.

La primera parada del recorrido es en el estero Matapluma, el más grande del hato. Un grupo de babillas posa sobre una de las orillas, esperando a que alguna presa se les atraviese.

Estos reptiles miden entre 1,5 y 3 metros y se alimentan de peces como el caribe y el curito. También cazan aves acuáticas y cualquier otro animal que esté cerca. Se mueven con cautela, siempre atentos a atacar. Si los quiere ver, mantenga la distancia y no lleve ropa blanca: es un color que los atrae.

En otra zona del estero, un güío hace su aparición. Se mueve lento, dejando ver su brillante piel y su gruesa fisionomía de aterradores cinco metros. Estas serpientes enrollan a sus presas hasta asfixiarlas, para luego comérselas. Son tan fuertes que pueden romper huesos de vacas y caballos. No sobra recordar que hay que verlas con toda la prudencia del caso.

Alrededor del Matapluma se puede ver volar a algunos alcaravanes, garzas de color negro muy ruidosas; garzas paleta –llamadas así porque la punta del pico es plana– y garzas reales fáciles de distinguir por su elegante plumaje blanco.

Son las 7:45 a. m. y el calor aumenta en la sabana. Nelson señala una pequeña montaña en la planicie. Se trata de un médano, un montículo de tierra que se va formando a través de los siglos con la ayuda del viento. Es el hogar del guarracuco o búho del llano. Tiene similitudes físicas con el búho común, pero su tamaño no supera los 50 centímetros. Aun así, es capaz de construir cuevas de hasta 2,5 metros de profundidad.

Muy cerca al médano hay otro estero, más pequeño que el Matapluma. Allí la especie que predomina es el chigüire. Parece un ‘resort’ exclusivo para este roedor de 60 centímetros de altura y peso promedio de 50 kilos.

Ya son las 9:00 am. A los viajeros les espera un desayuno en Juan Solito.

Pueblo libertador. Gracias a un encuentro crucial para la Independencia de Colombia, el municipio de Pore, a 45 minutos de Yopal, es Patrimonio Cultural de la Nación. En 1819, las tropas del libertador Simón Bolívar y del general Francisco de Paula Santander se unieron para emprender la campaña libertadora contra los españoles. Desde este pueblo se dirigieron hasta el Pantano de Vargas y el Puente de Boyacá, donde se libraron batallas decisivas. Este acontecimiento ocurrió en su calle principal, una vía empedrada y con viejas casonas a los costados, que aún se mantiene así por capricho de sus habitantes.

Un año atrás, en 1818, Pore declarada capital de la Nueva Granada por 48 horas, debido a que durante la reconquista española fue el único pueblo libre. En 2004, fue declarado Patrimonio Histórico y Cultural de la Nación. “Desde ese momento comenzó nuestra lucha por conservar el pueblo”, explica a los turistas Nohora Liliana Ruiz, una maestra e investigadora de la participación de Casanare en las guerras independentistas.

Mientras los visitantes escuchan la historia, van recorriendo las ruinas de una iglesia de los jesuitas que data de 1644 y que nunca se terminó. Gruesas paredes de ladrillo y piedra son exhibidas a pocos metros de la plaza principal. Cada paso que se da por Pore es como revivir la época colonial y los primeros años de vida republicana del país, pues no le pasan ni las décadas ni la modernidad.

 

Hilton llega a Yopal. Como muestra del potencial turístico y del crecimiento de Yopal, la prestigiosa firma estadounidense Hilton abrió recientemente el Hampton by Hilton. Es un sofisticado hotel de 8 pisos y 100 habitaciones. El lobby queda en la séptima planta, donde se puede disfrutar una vista privilegiada. Cuenta con business center, gimnasio y una sala de reuniones con capacidad para 50 personas, dotada con equipos audiovisuales. Ofrece zona de bar y snacks, abierta 24 horas. Los huéspedes cuentan con desayuno gratis, además de wifi gratuito en todas las áreas. www.hampton.com