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Carrie Fisher habla de sus adicciones en Bright Lights

La actriz junto con Fisher Stevens, director de la película | Foto Archivo El Nacional

La actriz junto con Fisher Stevens, director de la película | Foto Archivo El Nacional

La película, dirigida por Alexis Bloom y Fisher Stevens, explora varias facetas de la recordada princesa Leia de Star Wars, como la relación que tenía con su madre: la estrella de los años cincuenta Debbie Reynolds

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Es la hora del té con Carrie Fisher. La cita es en el restaurante del hotel Majestic, en Cannes, un día después de la presentación de la más reciente cinta de la mujer que se hizo famosa hace cuatro décadas como la princesa Leia en Star Wars.

Bright Lights: Starring Carrie Fisher and Debbie Reynolds se llama el revelador documental de HBO, dirigido por Alexis Bloom y Fisher Stevens, que se presentó con una ovación en la sección Cannes Classics y que tiene a la actriz de nuevo en la palestra.

Razones hay varias. Primero, por el peso de su nombre: un ícono en la cultura pop que se ha revitalizado con las recientes secuelas de Star Wars: El despertar de la fuerza y la filmación en curso del episodio VIII.

Segundo, porque este documental muestra sin pudores la azarosa vida y carrera de esta artista de 59 años de edad, con sus altos y bajos en el cine y con una arista subrayada por parte de los realizadores: la gravitante relación con su madre, la actriz del Hollywood de los años cincuenta Debbie Reynolds.

—Si su vida fuera una película hollywoodense, ¿qué conclusiones haría de ese filme?
—Fui un personaje muy extraño que fue criado delante de la cámara, así que tuve que evitar el hecho de sentirme observada. O sea, soy un producto de Hollywood, pero he estado en las sombras, nunca percibí ese lugar como glamoroso. Las carreras de mis padres empezaron a no ir muy bien cuando yo era adolescente y lo sentí como un rechazo intenso, por eso nunca quise entrar al show business. Luego hice una pequeña parte en una película y de pronto estaba ahí. Y quedé pegada.

Pese a su deseo de nunca ser parte del negocio del espectáculo, se sumó y lo hizo con una inmersión que incluyó un cocktail de excesos de drogas y alcohol que, después de un tiempo, tuvo una dura resaca en su vida.

—¿Cuánto de esos tiempos se acuerda?
—Me acuerdo. A veces me acuerdo mejor porque de alguna manera tiene que ser así, porque en algún momento sabes que te van a preguntar de eso. Sientes que te van a interrogar más tarde y vas a tener que responder.

—Conocidas son sus confesiones sobre el consumo de cocaína durante el rodaje de El imperio contraataca, cuando tenía 26 años de edad. ¿Qué diría fue lo más difícil de su vida?
—La respuesta más cándida que puedo dar, y anhelaba no darla, es ser bipolar. Y que eso sea público. Con el tiempo pensaba que quizás no debí haberlo confesado.

Carrie Fisher es muy graciosa. En Bright Lights se le ve en convenciones tipo Comic-Con y destaca el hecho de pasar horas firmando fotos a cambio de unos pocos dólares. Su uso de la comedia también ha brillado en su monólogo de HBO Wishful Drinking, basado en su libro y espectáculo.

—¿Cómo le ha servido el humor para catalizar las crisis?
—Siempre digo que si mi vida no fuera chistosa simplemente sería verdadera. Eso es inaceptable. O sea, podemos ser verdaderos, pero démonos una mejor perspectiva y lleguemos ahí lo más rápido posible; si no, sientes lástima por ti. Y sin humor yo no hubiera sobrevivido a todas esas cosas.

—Escribir también le ha ayudado...
—Siempre he estado inclinada hacia lo verbal y tenía que escribir, porque me ordenaba la mente. Escribo a mano, sé tipear, pero es una cosa muy organizada, y me satisface escribir en el rincón de la página. Y también me fascina observar las cosas, encontrar palabras únicas para algo. No estoy cómoda con mi aspecto físico, me identifico mucho con mi yo interior, y esa parte de la industria me perturba. Y mucho, ¡me perturba mucho!

La vida y el arte. Además de escribir best sellers y series de televisión, ha encontrado una voz en el medio que casi la destruye como “doctora de los guiones”; es decir, las personas que se dedican a mejorar guiones de otros. “Llegué a eso porque quería que las cosas sonaran mejor. No quiero que la vida imite al arte, quiero que sea arte. Yo veía las películas que me gustaban cuando estas tenían comentarios ingeniosos, geniales. Amo cuando en las películas los diálogos no suenan como conversaciones normales”.

—¿Cuál es su versión favorita de la princesa Leia?
—Me gusta El imperio contraataca. El vestuario era práctico, pero a la vez asentador. El bikini metálico me gusta verlo, porque me veía fantástica en El regreso del Jedi y no lo sabía en ese momento. Fui una pin-up y no me di cuenta. Ahora hay hombres diciéndome que fui su primer amor, no entendía hasta hace poco la profundidad de esas confesiones.