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El “Baile de la Pureza”: cómo las niñas prometen llegar vírgenes al matrimonio

El “Baile de la Pureza”: cómo las niñas prometen llegar vírgenes al matrimonio / Reuters

El “Baile de la Pureza”: cómo las niñas prometen llegar vírgenes al matrimonio / Reuters

En EE UU algunos papás celebran con sus hijas bailes en los que ambos se comprometen ante Dios a proteger la pureza física de ellas (evitando el contacto sexual y los besos) hasta que pisen el altar con su futuro esposo. “Espero que estas niñas se puedan llegar a casar, si no sería terrible”, dice una de las detractoras de este rito

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“El baile padre e hija de la Pureza  es una ceremonia memorable para los padres para que firmen compromisos (…) para proteger a sus hijas en sus opciones con la castidad. Sus hijas, en silencio, se comprometen a vivir de forma pura ante Dios, y simbólicamente ponen una rosa blanca sobre una cruz”, así se explica en qué consiste una ceremonia que según sus creadores, ha sido todo un fenómeno en Estados Unidos. Tanto, que ya se practicaría en 48 de los 50 Estados que lo conforman.

Se trata del “Baile de la Pureza”, algo parecido a una masiva fiesta de matrimonio, solo que sus protagonistas son papás e hijas adolescentes o menores, quienes participan de un pacto en el que la virginidad se transforma en un bien que hay que proteger hasta que las menores se casen.

Lleva 15 años practicándose casi anualmente, desde que el matrimonio conformado por Randy y Lisa Wilson, lo creó en Colorado Springs, para sus cinco hijas.

“Yo, como padre de ………, me comprometo ante Dios a abrigar a mi hija como su autoridad y protección en el área de la pureza. Seré puro en mi propia vida como hombre, esposo y padre. Seré un hombre íntegro y responsable de liderar, guiar y orar por mi hija y mi familia como sacerdote de mi hogar”, dice parte del contrato firmado por los papás –ahora guardianes de la virginidad de sus hijas y novios simbólicos de ellas-, en un rito que incluye la entrega de “anillos de pureza” y un baile entre ambos, informó ABC News.

Por su parte, las menores prometen mantenerse castas, lo que prohíbe el contacto sexual y los besos, hasta el día en que lleguen al altar con su entonces esposo.

“(El padre) es quien firma el compromiso de que vivirá una vida pura y moral, lo que creemos que impactará en sus hijos e hijas. Pero para una hija, el estar de acuerdo con su papá, en cuanto a la pureza, establece un peso de culpa si es que ella va y se involucra en una relación, fuera del conocimiento de su padre”, comentó el año pasado Randy Wilson al New York Times, en momentos en que se celebraba la 13° versión de su “Baile de la Pureza”.

Según el medio neoyorquino, toda la atención mediática que ha rodeado esta ceremonia, apareciendo incluso en documentales, y generando libros y ‘escuelas de gracia para la mujer pura’ –estos dos últimos creados por dos de las hijas de Wilson-, más la cuota de 93 dólares por persona para participar de sus bailes, han hecho del tema de la virginidad una verdadera industria. Sin embargo, se duda de la expansión territorial que han tenido estas ceremonias en Estados Unidos.

“A pesar de toda la cobertura que han tenido los Wilson y sus imágenes sobrecogedoras de sus bailes (las niñas haciendo ballet, poniendo rosas ante una cruz, los bailes con sus padres), existe poca evidencia de que los ‘Bailes de la Pureza’ se hayan extendido más allá de Colorado Springs”, escribió en su nota el periodista Mark Oppenheimer.

Sexualizado e insólito: lo que dice el feminismo

“El mensaje es claro y directo: depende de los hombres el control de la sexualidad de las mujeres jóvenes”, aseguró en su libro de 2010, “The Purity Myth” (El mito de la pureza), la escritora feminista Jessica Valenti.

Para ella, los bailes de Wilson incluso sexualizan a las menores, en estas especies de “citas” a las que acuden con vestidos de gala y penadas y maquilladas por profesionales, aunque tengan apenas 6 años.
Como Valenti, hay otras voces de mujeres que se han hecho oír en contra de estas ceremonias.

La editora asociada del sitio dedicado a las madres Mommyish, Maria Guido, se pregunta en una columna de hace unas semanas, cómo reaccionaría su hija de 12 años si le dijera que se tiene que poner un vestido que parece de novia, ponerse un “anillo de la pureza” y comprometerse a ser la “polola” de su papá hasta que llegara el hombre de su vida.

“Nunca entenderé esa meta de que el beso del matrimonio sea el primer beso (que vaya a dar una mujer) (…) Espero que estas niñas se puedan llegar a casar, si no sería terrible. El que un padre no quiera que sus hijos sepan si son físicamente compatibles con la persona con la que se comprometen a pasar el resto de su vida, me supera”, escribió.

“La idea de que la virginidad de una mujer sea entregada por un padre a su futuro yerno en el día de su boda, como si fuera un extraño tipo de dote, está más allá de mi comprensión. Cada parte de mi cuerpo feminista se resiste a la idea de que una niña de 12 años se ponga un vestido de novia y le prometa fidelidad a su dios y a su padre hasta el día de su matrimonio”, agregó.