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Ataca el síndrome de la vida ocupada

Disfruta del descanso./ El Nuevo Día

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Nos enfocamos tanto en lo que tenemos que hacer que no logramos organizar nuestra vida y comenzamos a “ahogarnos en un vaso de agua”

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Usualmente, nuestra vida se concentra en una misma rutina y las 24 horas del día muchas veces no son suficientes para cumplir con todas las responsabilidades, tareas y asuntos pendientes que tenemos. Nos invitan al cine un sábado en la noche y rechazamos esa invitación y todas las siguientes. ¿Nuestra excusa? Estamos muy ocupados. Si te sientes identificado, es importante que sepas que aunque es necesario cumplir con todos nuestros compromisos, este estilo de vida frenético puede tener consecuencias tanto físicas como emocionales.

Aunque no está catalogado clínicamente como condición, este “síndrome de la vida ocupada” produce un desequilibrio en las personas. “Cuando estamos con este estilo de vida es normal que perdamos la concentración y olvidemos cosas simples. Nuestra mente está pensando en lo que hay que hacer y lo que no se ha logrado”, explica la psicóloga clínica Yadira Vázquez.

Para la experta, la gran cantidad de roles que ejercemos, entre el hogar, la familia y el trabajo, pueden “entorpecer” nuestro buen manejo del tiempo. Nos enfocamos tanto en lo que tenemos que hacer que no logramos organizar nuestra vida y comenzamos a “ahogarnos en un vaso de agua”.

Desde que te levantas hasta que te acuestas tienes responsabilidades, ocupaciones, quehaceres y a veces dos o tres trabajos que atender. Sin embargo, no dedicas ni cinco minutos para salir de la rutina.

 Este trajín continuo produce efectos de estrés y ansiedad que influyen negativamente en nuestro bienestar físico, social y emocional. Según el psicólogo clínico Alfonso Martínez Taboas, además le resta a cuán satisfechos estamos con nuestra vida.

“Empiezas a tener mucho estrés porque mientras más demanda tú tienes -y el trabajo usualmente es demandante-,  más estresores tienes y el estrés es algo que si es prolongado empieza a tener efecto en diferentes funciones tuyas”, destaca Martínez Taboas.

Explica, además, que “llega un momento donde los seres humanos tenemos un cúmulo de energía limitada. Cuando ya ese cúmulo de energía limitada lo pasaste, empiezas a sentirte bien cansado, agotado, de mal humor e irritado y hay gente que empieza a sentirse que no produce”.

Según el experto, grandes cantidades de estrés pueden afectar nuestro sistema inmunológico. Nos enfermamos más, comenzamos a padecer del estómago y podría darnos arritmias cardíacas. Del mismo modo, cuando estamos sobrecargados es más difícil concentrarnos y codificar la información que recibimos, por lo que nos bloqueamos mentalmente. Para Misael Enoc Pérez, coach y consejero profesional licenciado, el estrés “es una energía y una fuerza que nos lleva a realizar cosas.

El problema está cuando nosotros mantenemos unos niveles de estrés demasiado altos. Cuando yo no hago un pare para entonces poder de alguna forma recuperarme luego de ese nivel de estrés, entonces eso viene a traer un sinnúmero de consecuencias”. El experto explica que este estilo de vida no solamente nos afecta a nosotros mismos, sino que influye en nuestro entorno. Nuestras relaciones interpersonales, ya sea con pareja, hijos, familia, amigos o compañeros de trabajo comienzan a debilitarse. Llegan las frustraciones, la ira, el coraje y la falta de tolerancia.

Vida balanceada

Todo se trata de aprender a manejar el tiempo, establecer prioridades y no olvidarnos de sacar un espacio para realizar aquellas actividades que tanto nos gustan. “La gente añora sentirse feliz. Cuando tú le preguntas a la gente qué es lo que más usted quiere,  la mayoría de la gente dice 'yo quiero ser feliz'. Y se sabe que la gente que son felices tienen una vida balanceada”, explica Martínez Taboas.  Actividades sencillas como llamar a un amigo, sentarte a cenar con la familia, ir a los lugares que te gustan y descansar, son acciones que ayudan a aliviar el estrés que de alguna forma u otra aparece en distintos momentos de nuestra vida.

Este equilibrio consta de tener espacio para socializar, tener pasatiempos, placeres y gente con quien hablar, además de tener trabajo y responsabilidades. "La gente que tiene vida balanceada usualmente  dice que se siente feliz y no solamente eso, sino que se enferman menos, tienen menos infecciones, padecen menos de presión clínica, menos de ansiedad", según el psicólogo.

Por su parte, Misael Enoc dice que es importante responder a las “señales” que nos da el cuerpo cuando algo debe modificarse. Así, un dolor de cabeza constante puede significar una necesidad de descanso o un exceso de información, sin embargo, muchas veces no le hacemos caso a estas señales necesarias para "hacer un alto” y luego regresar para ver las cosas de manera distinta.

El coach reconoce que este fenómeno de la “vida ocupada” puede relacionarse con cambios en los lugares de trabajo donde exigen más producción en menos tiempo, además de factores socioeconómicos que llevan a las personas a tener más de un empleo, por lo que se sacrifica el tiempo de ocio por más tiempo cumpliendo con las tareas.

Sin embargo, este estilo de vida no solamente se circunscribe a personas con mayor necesidad económica. En algunos casos hay una necesidad de reconocimiento, mayormente en el sector laboral.  “Hay aspectos que son urgencias económicas, pero también hay gente que tiene estilos disfuncionales de cómo relacionarse con la vida y no necesariamente tienen que ver con hacer dinero”, según Martínez Taboas.

No obstante, existen maneras de contrarrestar los efectos de la "vida ocupada". Para Martínez Taboas, la clave está en examinar las decisiones que dirigen nuestra vida, reformular la manera en que vivimos y “adornar” nuestros días con aquellas actividades que te sacan de la rutina.

¡Desocúpate!

Es importante tener momentos para descansar de nuestra vida ajetreada. Sigue estos consejos que te ayudarán a despejar tu mente y mejorar tu bienestar físico y mental.

Evalúa tus roles y responsabilidades.

Organízate semanalmente.

Establece prioridades.

Usa una agenda y distingue actividades esenciales de las que pueden esperar.

Saca tiempo personal donde el enfoque de atención seas tú mismo.

Separa espacios de ocio o placer.

Establece horarios donde no usarás el celular o la tecnología.

Busca espacio de paz y tranquilidad donde no pienses en tus responsabilidades y te puedas despejar.

Pendiente al semáforo

El coach y consejero profesional Misael Enoc Pérez recomienda pensar en la idea de un semáforo al evaluar las señales que nos envía el cuerpo en medio de nuestra rutina diaria.  Cuando la luz está verde significa que todo está fluyendo bien, todo está bajo control y tenemos la libertad de continuar. La luz cambia a amarillo cuando comienza, por ejemplo, un pequeño dolor de cuello. Este es el momento preciso para reconocer la señal y evaluar la situación. Sin embargo, cuando ignoramos estos signos, la luz pasa a rojo. El dolor de cuello se puede convertir en un espasmo muscular y las consecuencias aumentan.

  Es por esto que exhorta sacar al menos cinco minutos cada dos horas para dedicarlo a algo diferente, tan simple como respirar, con el fin de mantenernos en esa zona de equilibrio, en la “luz verde”. “Si tú tienes que hacer un alto en tu vida, el alto hay que hacerlo. Muchas veces pensamos que detenernos es perder el tiempo y en realidad pararnos cuando tenemos muchas cosas y necesitamos recobrar fuerzas, lo que viene a ser en realidad es una ganancia”, destaca el experto.