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¿Amiga o novia? El eterno dilema

Foto: El Nuevo Día

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Este punto hay que definirlo desde temprano en la relación

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El eterno dilema de las relaciones. Sobre todo de aquellas en las que se infiere más que conversar, más que decir las cosas como son, sin azucararlas, sin miedo a provocar dolor. Pensamos que estamos en una relación seria y de pronto nos enteramos que somos una amiga más.

La escena más clichosa no pudo ser. Sábado en la tarde, en el supermercado. Área de frutas y vegetales. Mientras pesaba algunos limones y par de mangos lo veo de lo más tomadito de mano con la chica -más joven que él-, la misma por la que me dejó. Hablo del chef, mi ex. De lo más acaramelados. Besitos aquí, besitos allá. Y yo, verde como el pimiento que agarré para rellenar.

Ella lo suelta y se va al área del sushi. Él hacia las hojitas aromáticas. Albahaca, menta, tomillo… sus favoritas. No me escondo, ¿por qué? El pescuezo fue él. Fue infiel y no conforme me llevó a los tribunales por par de ollas, sartenes y un sembradío de albahaca tailandesa.

Esta escena la imaginé miles de veces, pero jamás pensé que sería tan divertida. Pues bien, me le paro al lado, lo saludo y con cara de asombro me estampa dos besos, a la usanza europea. Obvio, que ella me ve y viene a toda prisa con los dos platos de sushi y la botella de sake a marcar territorio.

Le echó los tentáculos, digo, los brazos por el cuello, y preguntó si todo estaba bien. Yo tranquila, porque a ese lo lloré y lo solté al viento hace mucho tiempo. Él, nervioso, y ella, ella… con cara de drama. Le pregunto que cómo está. Dice que bien. ¿Y tú? “Fabulosa”, contesté. “Como dijo ese gran filósofo y cantautor mexicano Juan Gabriel, “lo obvio no se pregunta”, comenté con aires de diva.

Risas forzadas. Y ella incómoda, con la mirada insistente de la que espera ser presentada. “Ella es Lilly, mi amiga”, dijo él. “¿Amiga?”, soltó la mujer con un tono de coraje que hasta yo quedé espantada. Por cierto, ese fue el “cue” para dar las buenas tardes, a ella decirle encantada y agarrar carrito, berenjenas y papayas y dar la media vuelta porque en esa esquina, con el rosemary y el orégano de testigos, aseguro que un amor llegó a su fin. Y todo porque no estaba claro el status, en este caso el de la chica, porque me luce que el chef compromisos como que  no quiere.

¿Amiga o novia? Mis amiguis, eso hay que definirlo y bien temprano en la relación. En estos amores de principios de siglo, en los que desde el primer día se intercambian fluidos, es común el “overnight” y se establece una cuasi convivencia es necesario conversar sobre el status para no pasar esos momentos embarazosos y mucho menos frente a una ex. (Queda una fea para la foto.)

Casi siempre somos nosotras las que buscamos etiquetar la relación. Y aunque del tema no se hable, si tenemos intimidad con la persona y dejamos en su apartamento algunas prendas íntimas, el cepillo de dientes, y uno que otro adornito para el pelo ya andamos pregonando que tenemos novio, cuando el susodicho está en las de pasarla bien y sin ningún interés de definir lo que para él es “algo chévere”, “sin rollos y sin estrés”.

Se habla con ellos del tema y te dicen que tienen una docena de amigas. Ninguno dice que tiene novia. En cambio les preguntas a las chicas y excepto una que otra, todas dicen que están en una relación. (Que mucho nos gusta esa palabra.)

Aunque duela y suene ácida la realidad es que porque una sale con un chico par de veces no es sinónimo ni de relación, ni de noviazgo. Tampoco es de exclusividad. Por tanto, eso no debe inferirse, eso se conversa. La exclusividad si se desea, se tiene que hablar. Exigirla. Y si el jevis no lo quiere así, pues tienes dos salidas: o aceptas compartirlo o lo mandas a freír papas. Pero eso sí, repite conmigo  “de mi maíz ni un grano”. No puedes caer en la trampa de la llamada en la noche, ni en la cancioncita de “estoy solo, tengo hambre”. 

Se requiere firmeza y más que nada amor propio. Porque si tú, mi amiga, juras que el hombre es tu novio o compañero -como quieras llamarle- y cuando salen te presenta como su amiga, es obvio que no hay sintonía. Que todo el cuento lo tienes tú en la cabeza. Además, no es justo que te la pases como Penelopé tejiendo y esperando por el hombre que tú crees es tu novio y él comiendo pinchos con tostones con otra… amiga. Eso no es.