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Acné o rosácea: Las patologías más comunes de nuestra piel

Tras bambalinas las modelos muestran un rostro al que muy pocas veces se tiene acceso | Foto: AFP/Reuters/EFE

Rostro | Foto: AFP/Reuters/EFE

Son enfermedades inflamatorias que afectan a la piel y aunque suelen confundirse, tienen importantes diferencias tanto en su sintomatología como en su tratamiento

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Son crónicas, multifactoriales, muy prevalentes y su origen es desconocido. Se trata del acné y la rosácea, ambas enfermedades inflamatorias que afectan a la piel y provocan un gran impacto en la vida de quienes las padecen. "Les producen problemas en el desempeño cotidiano, en la autoimagen o en la autopercepción de ellos, en los aspectos emocionales, y les producen problemas financieros por sus gastos en medicinas, consultas médicas y exámenes", afirma el dermatólogo chileno Walter Gubelin.

Aunque el especialista enfatiza que el diagnóstico de ambas condiciones debe ser realizado por un médico, también resalta la importancia que tiene el hecho de que sean los mismos pacientes quienes tengan la capacidad de diferenciarlas para consultar a tiempo y comenzar tempranamente con un tratamiento adecuado. Es por esto que en el marco de la Reunión Anual de Dermatólogos Latinoamericanos (RADLA), éste y otros especialistas entregaron algunas pautas para conocer las características principales de cada una.
Rosácea.

"Más de 40 millones de personas en todo el mundo tienen rosácea", sostiene el doctor Gubelin. Esta enfermedad afecta al rostro, el cual progresivamente comienza a ponerse rojo, ya sea de forma persistente o transitoria.

"Tener la cara roja para los pacientes es muy complicado, es como un calvario para algunos de ellos. Tener que ir a trabajar para algunos hombres -independiente de que para las mujeres es importante por lo estético- cuando tienen una responsabilidad importante en alguna empresa o tienen un cargo público o político, levantarse en la mañana y tener que presentarse con la cara roja, se puede prestar para malosentendidos", sostiene el dermatólogo.

Pero el enrojecimiento facial no es lo único característico de esta enfermedad, que puede afectar a diferentes tipos de piel. Después de un tiempo, los pacientes comienzan a presentar protuberancias y granos o pápulas y pústulas, e incluso en los casos más graves, es posible que la nariz se hinche.

Según Walter Gubelin, la rosácea con frecuencia se diagnostica en forma errónea, y afecta a hombres y mujeres después de los 30 años, con un peak entre los 40 y los 50. “Cuando empieza, mucha gente no sabe que esto de tener la cara roja puede significar una enfermedad (…) Sólo el 10% de los pacientes acude a un experto para consultar por esto”, dice el dermatólogo.

Las causas de la rosácea aún se desconocen, pero sí se sabe que tiene un componente genético importante y que existen factores que la desencadenan, como la luz del sol, la comida picante, el alcohol, las bebidas calientes, las temperaturas extremas, los baños calientes, el ejercicio físico intenso, el estrés emocional, y determinados productos cosméticos y de cuidado de la piel.

En relación al tratamiento de esta enfermedad, Firas Hougeir, dermatólogo del Atlanta Medical Center, señala que hasta ahora tanto los medicamentos como las terapias se concentraban en las pápulas y pústulas, con geles y cremas que contienen metronidazol o ácido azelaico. Sin embargo, la Food and Drug Administration (FDA, por su sigla en inglés) de Estados Unidos recientemente aprobó un producto que trata el enrojecimiento del rostro.

Se trata del tartrato de brimonidina, el cual actúa sobre los vasos sanguíneos superficiales que están dilatados, haciendo que se contraigan. Su efecto se percibe a los 30 minutos de haber aplicado el producto y permanece por hasta 12 horas.

"Es importante que los doctores sean proactivos y les digan a sus pacientes (con rosácea) que existe un medicamento para eliminar la rojez", enfatiza el médico, quien destaca que el tartrato de brimonidina puede ser utilizado todos los días por personas mayores de 18 años y que sus positivos resultados en un breve plazo, hacen que quienes padecen de rosácea se vean motivados a usarlo.
Acné

"El acné afecta a alrededor de 650 millones (de personas) en la población mundial y se estima que una de cada 10 lo tiene", señala Walter Gubelin, quien agrega que se trata de una enfermedad prácticamente fisiológica de los adolescentes, aunque puede aparecer en personas entre los 35 y 44 años.

"Cada vez es más frecuente ver a persona adultas con acné, especialmente mujeres que se les exacerba en los períodos premenstruales, y en las mujeres de 30,40 y a veces hasta 50 años se ven pacientes con acné y en esto influye el estrés, los medicamentos, enfermedades metabólicas, etc.", explica el dermatólogo.

Al igual que la rosácea, el acné es un trastorno inflamatorio que afecta a la unidad pilosebácea, en la que el exceso de secreción de sebo no puede salir al exterior y queda retenido bajo la piel, provocando la aparición de comedones (espinillas negras y blancas), así como también pápulas, pústulas y nódulos.

Asimismo, sus causas son desconocidas, aunque en este caso la genética también juega un papel clave. Lo que sí está claro es que a pesar de que en ella se registra la presencia de una bacteria -la Propionibacterium acnes-, el acné no es una enfermedad infecciosa y, por lo tanto, no debería ser tratada con antibióticos, como ha ocurrido hasta ahora.

"Debemos disminuir la prescripción de antibióticos en enfermedades que no están indicadas (…) Cuando se habla de enfermedades inflamatorias, rápidamente se debe cambiar el foco, no se puede generar tratamientos puramente con antibióticos tópicos o sistémicos, porque esos pacientes pueden ser después más resistentes", afirma la dermatóloga argentina Patricia Troielli.

Entonces, ¿cómo debe enfrentarse? La especialista sostiene que dependiendo del grado de acné, algunas veces se requiere de un tratamiento tópico y otras de uno sistémico. En el caso del primero, generalmente se recurre a los retinoides -que reducen los comedones y lesiones inflamatorias, y previenen la formación de nuevas lesiones-, y al peróxido de benzoilo, dejando de lado los antibióticos tópicos.

En el caso de los tratamientos sistémicos, también se recurre a los retinoides y, en los casos de acné severo o moderado refractario (que no funcionan con tratamiento local), los antibióticos orales aún son un arma útil. "En esos casos lo que se debe hacer es prescribir por cortos períodos de tiempo, esto significa por no más de cuatro meses, porque a las ocho semanas de estar tratando a un paciente con el antibiótico, puede aparecer una cepa resistente", concluye Troielli.