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La Academia se centra más que antes en los talentos del exterior

Gravedad competirá por el premio con otros seis largometrajes de todo el mundo/ Archivo

Gravedad competirá por el premio con otros seis largometrajes de todo el mundo/ Archivo

Hubo ingleses que se enojaron porque Gravedad de Alfonso Cuarón obtuvo el Bafta a mejor film británico

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Por supuesto, así es como se ven las cosas desde Inglaterra, pero si se amplía el panorama se advertiría que el fenómeno conoce varios cruzamientos. Ese asunto de la globalización es en serio, y la influencia y las colaboraciones de unas cinematografías con otras se ha venido acentuando cada vez más. Hace dos años, el film ganador del Oscar fue básicamente francés (El artista), aunque hubo talentos y dinero norteamericano en su confección. Este año hay una docena de títulos y nombres que no son estadounidenses en las categorías principales.

Cuatro de los nueve films nominados han sido dirigidos por "extranjeros" (si uno ve las cosas desde Hollywood): los británicos Paul Greengrass (Capitán Phillips), Stephen Frears (Philomena) y Steve McQueen (12 años de esclavitud) y el mexicano Cuarón (Gravedad).

En el rubro actor principal hay un inglés (el afrodescendiente Chiwetel Ejiofor, de 12 años de esclavitud); en el de actriz principal una inglesa (Judi Dench por Philomena) y una australiana (Cate Blanchett por Blue Jasmine); en el de actor secundario un somalí (Barkhad Abdi por Capitán Phillips) y un germano-irlandés (Michael Fassbender por 12 años de esclavitud); en el de actriz secundaria una mexicano-keniata (Lupita Nyon-g`o por 12 años de esclavitud) y una británica (Sally Hawkins por Blue Jasmine), y entre los directores un mexicano y un inglés (Cuarón, McQueen).

El dato más relevante puede ser que en los últimos veinte años, 11 de los 20 ganadores del Oscar al Mejor Director, el más prestigioso después del dedicado a la Mejor Película, provienen de países distintos a Estados Unidos, y este año Cuarón tiene grandes posibilidades de sumarse a la lista. Sería el cuarto año consecutivo en que ocurriera algo así: los ganadores anteriores fueron el inglés Tom Hooper (El discurso del rey), el francés Michel Hazanavicius (El artista) y el estadounidense-taiwanés Ang Lee (La vida de Pi).

Un cable reciente ha insistido correctamente en que la presencia y el éxito de directores extranjeros en Hollywood no es una novedad. De hecho se inició en los años veinte, con gente como los alemanes Ernst Lubitsch y F.W. Murnau, y siguió después. Hay que hacer el matiz, empero, de que los grandes maestros del cine europeo de la época clásica (una lista que incluye a los dos nombrados pero puede alargarse con los nombres de Fritz Lang, Jean Renoir, Otto Preminger, Alfred Hitchcock o Douglas Sirk) nunca obtuvieron un Oscar. No se cuentan, por supuesto, los tardías estatuillas honorarias que homenajean el conjunto de una carrera. Que Hitchcock no tenga un Oscar y Tom Hopper sí no es la única vergüenza de la Academia, pero sin duda es una de ellas.

De cualquier manera, la presencia de nombres extranje- ros se ha vuelto más notoria en los últimos años, y los más cínicos (o los más realistas) lo atribuyen a la razón del artillero: la taquilla

En la década del treinta, sobre todo, el exilio europeo en Hollywood respondía fundamentalmente (aunque hay excepciones como Lubitsch y Hitchcock) a motivos políticos: se trataba en general de gente que huía del nazismo. Los motivos actuales son mucho más estrictamente económicos. Y el mercado internacional también ha cambiado drásticamente.

"Hace 50 años, la industria del cine estadounidense obtenía casi 70% de sus ingresos en las taquillas norteamericanas. Hoy, los mercados internacionales contribuyen con alrededor del 80%, contra 20% de las boleterías nacionales", ha señalado Steve Ross, profesor de Historia en la Universidad del Sur de California. Si los estudios están dando trabajo a directores extranjeros, "es porque quieren atraer a un nuevo objetivo: los espectadores extranjeros", añade el especialista.

Por su parte Laura Isabel Serna, profesora asociada de la Escuela de Artes Cinematográficas de la USC, explica el fenómeno como parte de "la estrategia mundial de marketing seguida por Hollywood, que quiere animar a las audiencias extranjeras a identificarse con `sus` directores y actores".

Para Serna, lo interesante es que, tras haberse volcado principalmente a Europa, los estudios están empezando a fijarse en otras partes del mundo. Ello confirma, añade, el dinamismo de la producción cinematográfica en lugares como América Latina. El ajuste, señala a su vez Ross, no siempre es fácil. Los cineastas estadounidenses saben lo que quiere el público estadounidense, pero un director extranjero deberá tener una sensibilidad capaz de atraer a un público más amplio.

A veces funciona: Ross pone, por ejemplo, los ejemplos de Posesión infernal del uruguayo Fede Álvarez, o de la nueva versión de Robocop del brasileño José Padilha, que antes hiciera en su país la muy exitosa Tropa de élite.