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¿Qué hacer cuando el árbitro también juega?

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Una vez que el voto está emitido en la máquina de votación no hay forma de alterar la voluntad del elector. El problema es antes, es el medio ambiente en el que se va gestando esa voluntad. No existe ser humano que no sea influenciable por las condiciones en que le toca actuar. Ese medio ambiente está administrado y tutelado principal, aunque no exclusivamente, por el CNE. Y ese medioambiente es aplastantemente desequilibrado e injusto.

Se participó en el registro biométrico para misiones como la de la Gran Misión Vivienda y luego se pone una captahuella en cada mesa y se hace énfasis comunicacional en la conexión entre la captahuellas y la máquina de votación; sin contar la cuña en la que el número de CI del elector gravitaba sobre éste durante todo su acto de votación. O el folleto masivo donde se despejaban dudas sobre el sistema de votación pero al que se le eliminó el aparte dedicado al secreto del voto. ¿Se trataba de sembrar dudas sobre el secreto del voto?

En la normativa de campaña se establece un tope de tres minutos diarios para la publicidad electoral ¡pero se decide que la promoción de la obra de gobierno no es publicidad electoral! Es decir, el Gobierno no tiene límite para vender su obra, pero sus adversarios sólo tienen tres minutos para criticarlo y vender su propia oferta. ¿Se favorecía una exposición ventajista de la oferta oficial del gobierno?

Las elecciones en Venezuela no reúnen el requisito de igualdad y equidad inherente a la vida republicana. Sin embargo, pensar que las elecciones se ganan o se pierden sólo por eso, es no entender nada. La actuación del CNE beneficia al Gobierno, pero no se olvide que los segmentos D y E de la población representa 80%, y que el gigantesco gasto social del Gobierno ha estado concentrado en ese segmento. Hay un afecto genuino en los sectores más humildes por el actual mandatario: les habla a ellos y habla por ellos. Desconocer esto es equivocar la política.

Pero cuando el árbitro también juega, hay que cambiar al árbitro. Eso no es posible antes de abril de 2013, cuando se nos vence el periodo. Quien no quiera votar ahora debe pensar: si no hubiese votado en 2010 un solo partido podría volver a designar a los rectores, como pasó en 2006 y 2009 por el Parlamento derivado de la abstención de 2005. Hoy ningún partido puede imponerse. Nadie tiene votos en la AN para nombrar al nuevo CNE. Tienen que ponerse de acuerdo. He ahí la importancia del voto.

Y de aquí a abril qué se hace. Tres cosas: uno, votar masivamente; los resultados de una elección no se extrapolan a la siguiente. Dos, luchar para procurar medio ambiente y garantías electorales lo más adecuados posibles. Tres, no convertir el CNE en el centro del debate político. A muchos les conviene hablar más del árbitro que de apagones, basura o inseguridad.