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Editorial
Video candente
Mientras en la frontera con Colombia siguen los juegos de preguerra en una escalada bélica que le puede salir muy costosa al Gobierno venezolano, en Buenos Aires los medios de comunicación revelaron que al juez que investiga la causa del maletín que contenía 800.000 dólares y que le fue incautado a Guido Antonini Wilson, le entregaron un video en el cual aparece el venezolano nada menos que en un acto oficial en la Casa Rosada, sede de la Presidencia argentina.

No es nada tranquilizador para el clan Kirchner y sus importantes socios en el Gobierno de Venezuela, que el video lo haya grabado nada menos que el canal 7 (una especie de VTV argentina) y que ahora esté siendo rigurosamente analizado por el juez penal Daniel Petrone. Se trata, pues, de una verdadera bomba de tiempo, porque permite demostrar fehacientemente que Antonini era un hombre de tanta confianza para el chavismo como para ser invitado a la sede del Gobierno y compartir con la flor y nata de kirchnerismo.

Lo más curioso y que, seguramente, tendrá muy en cuenta el juez Petrone es que en repetidas oportunidades el Gobierno argentino negó que Antonini hubiera estado en la Casa Rosada, como bien lo confesó él mismo ante las autoridades estadounidenses cuando fue interrogado al respecto. Pero no sólo es ese hecho en sí, sino algo mucho más significativo: cuando Antonini acudió a la sede de la Presidencia habían transcurrido apenas dos días del escándalo en la aduana aérea de Buenos Aires.

Es decir, los bandidos estaban tan seguros de su invulnerabilidad que no se tomaron la molestia de adoptar las más elementales medidas de seguridad. Y es que así trabaja el clan Kirchner, como en el Chicago de la década de los veinte, cuando el límite entre la policía y la mafia era difuso y la población no podía distinguir entre unos y otros.

Al juez Petrone le queda un largo camino por delante, si no es que lo matan o le lanzan una campaña sucia de desprestigio para quitarle el caso de las manos. Las dos cosas pueden ocurrir, y muy rápidamente. Por fortuna, los periodistas y los medios argentinos saben cómo afrontar ese monstruo de mil cabezas que corroe la administración peronista actualmente en el poder.

En Buenos Aires ya circula un magnífico libro sobre este caso, escrito por un joven periodista de La Nación, que resulta en extremo ilustrativo de las redes de corrupción en el Gobierno argentino y de sus tentáculos en Venezuela y, en especial, en Pdvsa.

En las páginas de esa magnífica obra de investigación no queda títere con cabeza, ni aquí ni allá. Desde luego, y como era de esperarse, el chavismo ha impedido por todos los medios su libre circulación en el país.

Aquí se han publicado fragmentos, pero cuando se repasa el libro en toda su extensión cualquiera siente náuseas por la forma en que se desempeñan los altos burócratas petroleros, su desprecio por la opinión pública y la soberanía de la nación.